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El Pato Fillol, el mejor arquero de la historia.

Y el millo una noche se reencontró con las tres G: ganó, gustó y goleó.

¿Qué pasó? Por la segunda fecha de la Superliga 2019-20 River recibió en el Monumental al siempre complicado Lanús con la obligación de ganar después de empatar con Argentinos Juniors en la fecha pasada.
El trámite: El conjunto de Gallardo fue una topadora desde el minuto uno del partido y se llevó por delante a su rival asfixiándolo con una presión altísima, toques rápidos y desmarque con velocidad de sus players. Literalmente borró a su oponente de la cancha transformando un partido de campeonato casi en una práctica abierta ya que los dirigidos por Luis Zubeldía jamás pudieron adaptarse a la complejidad que le proponía el encuentro. Si River no ganó por más goles fue por la impericia de sus jugadores a la hora de definir y a la soberbia actuación de Agustín Rossi que impidió una goleada de ribetes históricos.
Lo mejor: La voracidad de River que después de haber hecho tres goles siguió buscando aumentar el marcador en base a la presión alta y sostenida en el campo rival, el estado físico  y la intensidad que le imprimió al juego. Con estos ítems en alza, le será muy difícil a Cerro Porteño tener alguna chance en la Libertadores.
Lo peor: La flojísima labor de Lanús en todos sus aspectos ya que los volantes no podían jugar ni parar a nadie, la defensa siempre estuvo muy abierta y lenta y los delanteros no tuvieron la más mínima chance de generar peligro. Zubeldía tiene mucho trabajo por delante para revertir esto y encima el granate está comprometido con el descenso.
El héroe: Agustín Rossi porque evitó una goleada inolvidable con no menos de cinco atajadas memorables que incluyen un penal pateado de manera irresponsable y porque además fue a saludar a sus rivales (no olvidemos que fue protagonista de la final de la Libertadores en La Bombonera) después del partido.
El villano: Nicolás de la Cruz ya que trató de picar, insólitamente, el penal cuando Rossi ya se había jugado hacia el palo derecho y estaba tirado en el piso y el uruguayo no tuvo mejor idea que alcanzarle la pelota en la mano, sin palabras.
La figurita: Matías Suárez por sus dos goles, el penal que le hicieron (lo convirtió Santos Borré) y por haber hecho jugar a su equipo en ofensiva de manera picante.
La perlita: el golazo convertido de cabeza por Matías Suárez porque se anticipa de manera notable a su marcador para peinar la pelota y ponerla en el segundo palo lejos de la estirada de Rossi.

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