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El Pato Fillol, el mejor arquero de la historia.

Mi abuelo, México 86 y yo. Parte III.

Estamos a fines de 1984 y mi vida estaba por sufrir un cambio radical ya que nuevamente armaría las valijas en diciembre para irme a vivir a Tucumán, en una decisión que Nano me ayudó a tomar durante ese largo, caótico e interminable año ya que no viviría con mis padres sino con su hijo menor Marcelo y su familia que estaba compuesta por mi tía Marta (para complicar más las cosas es prima hermana de mi viejo y mis primos tienen mis mismos apellidos sólo que invertidos: Ferrer Lozada por mi lado y Lozada Ferrer por el de ellos) y sus dos pequeños hijos, Bernardo y Cecilia en la vieja casa de mi bisabuela ubicada en la calle San Lorenzo al 300 (a la vuelta de la Casa Histórica), lugar del que tengo innumerables recuerdos de mi niñez. En su visita mensual de noviembre para vernos, charlamos sobre las vicisitudes de River en ese momento y sobre el mal momento de mi equipo que terminó descendiendo a la vieja Primera B y donde terminé aprendiendo que lo importante es luchar y no rendirse porque los resultados llegan.
Finalmente llegué a Tucumán con la excusa del casamiento del tío Quique (hermano de mi tía Marta) y allí me sorprendió la vida hasta principios del 2006. Mientras me acomodaba a mi nueva realidad de la mano de mi genial primo Juan (gracias Juancito querido, casi me convertís en un delincuente...) que me llevaba a todos los lugares de onda como los bailes de carnaval en Las Lomitas, a comprar ropa por la calle Mendoza  entre 25 y Muñecas y yo me buscaba un colegio para estudiar, un día cae de sorpresa el Nano acompañado de mi abuela Laurette y de mi hermano menor Patricio. Se quedaron diez días en los cuales ibamos a pasear en su Peugeot 504 francés modelo 1976, comprado a la embajada de Francia con 5.000 kilómetros en 1978, por toda la provincia (Tucumán es muy chiquito y está todo muy cerca, era una de las cosas que él más extrañaba en su vida en Buenos Aires) y nos contaba la historia de cada lugar (la última vez que lo vi en mayo de 1998 me hizo dar una vuelta a la plaza Independencia con la cabeza levantada mientras me iba explicando cada edificio) ya que era una enciclopedia con mocasines.
Se aproximaban las eliminatorias y la prensa estaba muy preocupada por los rendimientos tan disimiles de un partido a otro del equipo y todas las semanas le pegaban un palo distinto al doctor Bilardo, quien a esta altura solamente quería concentrarse en jugar y no en darle explicaciones al diario Clarín. A nuestro seleccionado le tocó el grupo 1 junto a Perú, Colombia y Venezuela. El arranque fue prometedor con victorias de visitante ante Venezuela 3-2 y Colombia por 3-1, luego vinieron los partidos en Buenos Aires con sendos triunfos ante Venezuela por 3-0 y Colombia 1-0. Solamente quedaban los dos partidos con Perú. Argentina llegó a Lima puntero con ocho puntos mientras que los peruanos tenían cinco y quedaban solamente cuatro en juego (en aquellos años se daban dos puntos por partido ganado) pero los coterráneos de Mario Vargas Llosa tenían todas las intenciones de rememorar el bombonerazo de 1969 cuando dejaron a nuestra selección fuera del mundial de México 70 y casi lo logran...
Para ponernos en situación en esos meses de mayo y junio los adolescentes de mi edad (18 años) estábamos más preocupados por los preparativos del que iba a ser el concierto más espectacular de todos los tiempos: Live Aid, la genial creación de Bob Geldof con fines solidarios (recaudar dinero para combatir el hambre en Etiopía), que incluía dos conciertos en el mismo horario en diferentes ciudades: uno en el viejo estadio de Wembley en Londres y el otro en el John F. Kennedy Stadium en Filadelfia y con la inconsciencia propia de nuestra edad no imaginábamos lo que estaba por pasar en un campo de juego a 3.936 kilómetros de distancia de la capital de nuestro país.
Nano le está tomando la presión a Oscar Garré en Tilcara.
Perú le ganó por eliminatorias a nuestra selección solamente en dos ocasiones: en 1969 que nos dejo afuera del mundial y esta que estoy por contar, demasiadas similitudes con un certamen que se jugaría, por primera vez en la historia, dos veces en la misma nación. Partido difícil con un árbitro complaciente con Luis Reyna, el volante peruano que dejó de ser un ilustre desconocido por la marca pegajosa y desleal a Diego Armando Maradona, y excesivamente celoso con los jugadores argentinos. Por eso no extrañó cuando Juan Carlos Oblitas marcó el 1-0 de la victoria para que todo se defina en Buenos Aires mientras D10S corría por toda la cancha con su contricante pegado como chicle y usando las mismas artimañas que otro animalito: el tano Claudio Gentile que lo marcó de manera pérfida en el partido con Italia del mundial 82 con un referí por demás permisivo. Luego de estos dos actos vandálicos contra un creativo como Diego es que la FIFA empezó a cambiar los reglamentos y criterios para cuidar el espectáculo.
La nueva cita era en el Monumental con sólo un punto de diferencia para los players del doctor, por lo tanto con el empate Argentina clasificaba nuevamente a un mundial pero pasaron cosas... Comenzó ganando nuestra selección con el gol de Pedro Pablo Pasculli tras un gran centro de Diego que aún seguía con Luis Reyna pegado como estampilla a su espalda. Perú lo dio vuelta y a falta de nueve minutos el partido seguía 2-1 con lo cual nuestra selección iba a jugar un repechaje. Corner desde la izquierda del ataque argentino ejecutado por Maradona, un despeje en el área y la pelota le cae a Burruchaga ligeramente volcado hacia la izquierda, quien mete un pelotazo cruzado y pasado para la entrada de Daniel Alberto Passarella y este define cruzado sobre la salida del arquero Acasuro, la pelota pega en el lado interno del palo y va recorriendo la línea hasta que aparece Ricardo Gareca y empuja el balón al fondo del arco para desatar el delirio en las tribunas del estadio. Apenas tres minutos después, el Pato Fillol se manda una de las mejores atajadas de su carrera al taparle un tiro envenenado a Uribe y salvar al equipo de ir al repechaje en lo que sería su último partido en la selección ya que Bilardo, en una decisión insólita, injusta e inentendible, no lo convocó nunca más. El Pato siguió dando cátedra desde el arco hasta los cuarenta años mientras que de Nery Pumpido no se acuerda nadie...
Una vez consumada la clasificación se venía la otra etapa: ¿cómo aclimatar los jugadores a la altura del país azteca? Los doctores Carlos Bilardo y Raúl Madero (médico de la selección) recordaron que en la estructura de la AFA estaba el profesor doctor Bernardo Benigno Lozada, que había acompañado a Carlos Pachamé al mundial sub 20 del año 1983 en México, y decidieron sacarle el jugo a sus conocimientos.
Una vez conocidas las sedes donde jugaría nuestra selección (el DF  se encuentra a 2.250 metros de altura sobre el nivel del mar y Puebla está 2.135 ) comenzó el operativo adaptación. El lugar elegido por el doctor Lozada fue Tilcara en Jujuy que se ubica a 2.465 msnm y con una temperatura de unos 30 grados en pleno mes de enero cuando los jugadores estaban de vacaciones. Julio Grondona accedió al pedido porque Nano era un prestigioso académico que trabajaba en la AFA y le hizo ver al mandamás del fútbol vernacúlo la conveniencia de armar un bunker durante diez días en un plácido pueblo del bellísimo noroeste argentino.
Partieron a Tilcara un grupo de catorce jugadores del fútbol local (Bochini, Giusti, Borghi, Batista, Brown, Dertycia, Comas, Ruggeri, Tapia, Islas, Cucciuffo, Clausen, Garré y Almiron) junto al cuerpo técnico y a los doctores Raúl Madero y Bernardo Lozada para hacer los análisis y tests correspondientes a los players. Luego de diez días de arduo trabajo retornaron a Buenos Aires para analizar los datos que habían recabado y ahí me encontré, después de un año, con Nano y sepan disculpar, jamás le dije abuelo...
Era febrero de 1986 y yo estaba volviendo de mis vacaciones en Mar del Plata y pasé por Buenos Aires una semana antes de seguir viaje a Rosario a ver a mi madre y a mis hermanos y luego emprender el regreso a Tucumán. Por supuesto que las charlas estaban enfocadas en el inminente mundial y lo bien que se había preparado el equipo para hacer un buen papel aunque yo no compartía ese optimismo y me resultaba medio raro que me hable con tanto entusiasmo de su trabajo pero ahí quedó la cosa y yo recién lo volvería a ver en julio de 1987 en el centenario de mi bisabuelo Papatitis pero antes la vida nos pondría a prueba a toda la familia.
La selección debía jugar unos partidos más antes del mundial contra clubes (Bilardo no quiso jugar con más selecciones después de haber perdido con Francia y con Noruega a fines de marzo) mientras se estaba instalando en México. Mi abuelo estaba prácticamente subido al avión para encontrarse con el plantel en el predio del club América y terminar la preparación (la idea que la delegación se instale un mes antes en tierras aztecas fue suya) cuando las cuestiones urgentes de la vida se hicieron presentes y tuvo que postergar ese viaje para cumplir el rol que mejor le iba en la vida: el de abuelo. 
Sí, el tipo que pergeñó todo el plan y la estrategia para jugar en la altura no pudo ver su obra en el lugar de los hechos sino que tuvo que hacerlo desde un televisor en Buenos Aires ya que su familia necesitaba de él. 
Esta crónica es solamente el reconocimiento de un nieto al mejor abuelo del mundo ya que los grandes medios lo mencionan pero no le dan mayor importancia al tipo que ayudó a que esos once leones tuvieran oxígeno suficiente en el cuerpo para poder pensar. Abrazo al cielo, Nano.






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