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Espero que sea 28 de diciembre...

Muchos argentinos que la están pasando muy mal por consecuencias de las políticas económicas del ex presidente Mauricio Macri hoy se desayunaron que éste tendrá un cargo altísimo en la FIFA como presidente ejecutivo de su fundación. No, no me volví loco ni se me ocurrió dedicarme al stand up ni poner un blog de humor sino que este tipo de noticias dejan un sabor amargo en la boca porque parecen una burla al resto de los mortales ya que a contramano de los nuevos vientos que corren en el fútbol argentino, la FIFA nombró presidente ejecutivo de su fundación al ingeniero Mauricio Macri en lo que parece, como mínimo, una medida absurda y polémica al menos para una gran mayoría de quienes habitan estas tierras ya que su gobierno lejos estuvo de dejar algún indicador efectivo en cualquier apartado. ¿Promoción de un cambio social positivo? Es demasiado para analizar ya que esto parece una broma de mal gusto porque este hombre no puede generar ni paz ni concordia de ninguna manera. Que el líd…

¡Sean eternos los laureles!

Diciembre es definitivamente el mes canalla por excelencia ya que además de su fundación también ocurrieron grandes proezas en la historia del club rosarino y la fecha del 19 de diciembre es la más recordada de todas por la famosa palomita de Aldo Pedro Poy y por la obtención de la Copa Conmebol de manera heroica en 1995.

El club de Arroyito está muy próximo a cumplir sus primeros 130 años de existencia el próximo 24 de diciembre (hecho del cual hablaremos en la fecha correspondiente) pero el mes de diciembre le viene como anillo al dedo a la Acadé ya que casi todos sus logros ocurrieron en el mes de la navidad con la obtención de los títulos nacionales de 1971, 73 y 80, las semifinales de los Nacionales de 1971 y 1980 frente a Newells y selladas a su favor y la más épica y recordada de todas sus hazañas: la obtención de la Copa Conmebol frente al Atlético Mineiro luego de remontar un 0-4 en contra en el partido de ida. Tenía razón el querido Negro Fontanarrosa cuando afirmaba que "Rosario Central no tiene historia, tiene mitología" ya que los campeonatos obtenidos por el club eran una mezcla de realidad y ficción por el carácter heroico de dichas gestas. Te doy dos ejemplos para reafirmar lo expuesto: la final con el Mineiro no registra antecedentes en el mundo donde un equipo remonta un 0-4 en el partido de vuelta por un torneo internacional y la obtención del campeonato 86-87 solamente tiene como referencia al Milan de Italia ya que ambos fueron campeones en la B y en la temporada siguiente en la A, nadie más en todo el planeta tiene el logro que comparten estos dos clubes. De todo esto hablaba la frase del genial escritor rosarino.
En 1971 Rosario Central tenía un equipazo que era dirigido por Ángel Amadeo Labruna, alias El feo, que necesitaba tomarse revancha del Nacional 1970 (ese equipo lo dirigió el genial, único e irrepetible Ángel Tulio Zof) donde fue subcampeón detrás de Boca y para eso debía afrontar una durísima semifinal frente a Newells, el rival de toda la vida, en el estadio Monumental a partido único. Angelito, además de ser un gran técnico (lo conocí personalmente cuando dirigía a River por medio de mi abuelo materno), era un burrero de alma (sus anécdotas en los hipódromos son muy risueñas) y un gran cabulero, por eso pidió el vestuario visitante para este encuentro ya que el vestuario local estaba "maldito" según sus palabras por los catorce años de frustraciones que acumulaba River y que él se encargaría de terminar en 1975 con la obtención del campeonato Metropolitano por parte del club de Nuñez. El partido en si mismo fue de carácter ordinario, trabado y luchado donde nadie se imaginaba que sucedería un hecho que se transformó en leyenda.
No pasaba nada de nada hasta que a los 9 minutos del segundo tiempo el Billy González tiró un centro impecable para la arremetida de Aldo Pedro Poy quien se tiró de palomita para ganarle a su marcador Ricardo De Rienzo y cruzar la pelota contra el palo derecho de Carlos Fenoy para abrir el marcador. En ese instante nacieron el mito y una celebración única ya que hoy se cumplen cuarenta y ocho años años de ese gol y aún se sigue festejando...
Otro 19 de diciembre pero de 1995 sucedió algo más inesperado ya que el conjunto rosarino tenía que dar vuelta un 0-4 frente al Atlético Mineiro en el Gigante de Arroyito para tratar de llegar a los penales y definir la Copa Conmebol (actual Sudamericana) a su favor. Una persona normal llamaría a Ethan Hunt y a la FMI para esta verdadera Misión imposible pero por suerte para nosotros el fútbol es un deporte que si bien se rige por la lógica, ésta a veces desaparece mágicamente del escenario para dar paso a las situaciones más increíbles que uno pueda imaginarse. Durante la semana previa a este encuentro que cualquier hincha normal trataría de evitar concurrir a la cancha porque el pronóstico no era nada bueno pero estamos hablando de mitología y por lo tanto estos hinchas compraron sus entradas para reventar el estadio ubicado a la vera del Río Paraná con más de 45.000 personas movidas por el amor hacia su club y soñando con una hazaña inolvidable. Y en pocas ocasiones los sueños se transforman en realidad... Iban 22 minutos del primer tiempo cuando los murmullos y el nerviosismo  que rondaban por Génova y Cordiviola comenzaron a acallarse ya que el Polillita Da Silva abrió el marcador con un toque sutil dentro del área, a los 37 Horacio Petaco Carbonari venció la débil resistencia de Claudio Taffarel (sus manos eran de manteca y para muchos fue un gran arquero pero para mí siempre fue tan mediocre como Valdir Peres) para estampar el 2-0 y antes que termine el primer tiempo Martín Chapulín Cardetti definió cruzado y de manera soberbia para el 3-0 parcial e irse al descanso. Los minutos del segundo tiempo se fueron consumiendo con excesiva rapidez mientras el conjunto rosarino se iba quedando sin piernas producto del esfuerzo descomunal realizado en la primera parte y por los nervios que iban apareciendo nuevamente. Pero cuando no había casi esperanza alguna y parecía que la copa se iba a Belo Horizonte apareció ese tremendo jugador que jugaba con la 10 en sus espaldas pero era el 5 de ese formidable equipo (¿hace falta que lo nombre? Si sos canalla sabés muy bien que estoy hablando de Omar Arnaldo Palma) para meter un centro llovido y certero al corazón del área para que aparezca nuevamente el Petaco Carbonari con una diagonal del centro a la izquierda para sacarse la marca de encima y pegarle con el parietal derecho y colocar la bocha contra el palo derecho de Taffarel. 4-0, delirio y penales tal como solamente la historia del sufrido club de Arroyito puede vivirla y contarla. Este guión cinematográfico tuvo su punto culmine cuando el Polillita Da Silva le colgó pelota a Taffarel en el ángulo superior derecho para dar paso a una celebración nunca vista en la ciudad y del cual se escribieron infinidad de historias pero que yo voy a resumir con una sola frase: ¡gracias por el fútbol, canalla!

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